jueves, diciembre 15, 2011

La blancura de la ballena (Lima)



"Y no es el recuerdo de sus terremotos destructores de catedrales, ni el desborde de su mar enloquecido, ni la crueldad de sus áridos cielos que nunca llueven, ni la vista de su inmenso campo de chapiteles inclinados, cúpulas torcidas, cruces en ángulo (como los mástiles oblicuos de las flotas ancladas), ni sus calles suburbanas, donde las paredes se precipitan unas sobre otras como un mazo de cartas desparramado, no es nada de esto lo que hace de Lima, la ciudad sin lágrimas, la más triste, la más extraña que pueda verse. Porque Lima se ha cubierto con el velo blanco y hay en esta blancura de su dolor un horror más grande. Antigua como Pizarro, esta blancura mantiene eternamente nuevas las ruinas de Lima: no deja que penetre en ellas el verde alegre de la ruina absoluta y esparce sobre sus rotos bastiones la rígida palidez de un cuerpo apoplético que inmoviliza sus propias distorsiones."

Herman Melville, Moby Dick

lunes, diciembre 05, 2011

Hablar comida

Sucede en muchos idiomas y en muchas regiones, pero el peruano tiene una particular inclinación a utilizar metáforas alimenticias, tal vez por la cada vez más estrecha relación entre este pueblo y sus comidas. Ingredientes y platos significan también adjetivos, sustantivos y verbos.
Así, algo muy difícil es yuca y algo muy fácil papaya (o papayita, combinando con otra pasión peruana: usar diminutivos). Las yucas también denotan las piernas de la mujer, y enyucar a alguien es engañarlo. En vez de “qué mala suerte” es común escuchar “qué piña”, mientras que la palta puede ser para el miedo (paltearse) o los problemas (“no me hago paltas”). “Cabro” o “cabrito” es un despectivo para homosexual; tomarle cariño a alguien o algo es tenerle camote; cancha (el maiz tostado o frito) denota abundancia en la expresión “como cancha”; cuando hace calor uno se está sancochando, y cuando uno “está salado” es que no tiene buena suerte.

El peruano come muchos mariscos, entre ellos las famosas conchas. Pero la concha es además el descaro, y un conchudo es alguien que no tiene vergüenza. Sin duda vergüenza no tuvo el dueño de un carrito ambulante de venta de cebiches que vi una vez en el popular barrio de La Victoria, cuyo cartel decía: “Cebichería Qué tal concha!” (expresión que significa “¡qué descaro!”). Lectores argentinos no se escandalicen…

Éstos son algunos de los miles de peruanismos culinarios, los que más
escucho en Lima, amén de aquellos que existen en provincias.
Para despedirse, el chau se transofrma en el plato más popular de la cocina chino-peruana: ¡chaufa!